A menos de cuatro años de 2030, ya sabemos que muchos de los desafíos que inspiraron la Agenda 2030 seguirán ocupando un lugar central en la agenda política, económica y social de la próxima década. La pregunta, por tanto, ya no es únicamente cómo acelerar el cumplimiento de los objetivos pendientes. Es también qué hemos aprendido sobre la naturaleza de los problemas que estamos tratando de resolver.