La formación en liderazgo es un reto de primer orden en todas sus dimensiones y para todos los agentes que intervienen: formadores, organizaciones y directivos.
El debate en un cambio época es si nos podemos permitir el lujo de vivir sin ideas-fuerza, sin criterios de actuación, sin referentes vitales y sin símbolos con densidad emocional que tengan la suficiente fuerza aglutinadora y que nos permitan identificar, en medio del ruido y la dispersión, aquellos vectores de fondo que hacen posible que los cambios (personales y colectivos) se conviertan en un camino de humanización.
¿Cuál es la diferencia entre la RSE del siglo XX y la del siglo XXI? He llegado a la conclusión de que la respuesta es la siguiente: la RSE del siglo XX tiene como referencia al gobierno; la RSE del siglo XXI tiene como referencia la gobernanza.
Cada cosa sirve para lo que sirve, y para algunas cosas el PowerPoint, también como formato, es excelente. Pero para otras cosas es letal, como formato y como formateador. Por eso creo que, en un cierto sentido, también es un enemigo de la RSE.
Todavía hay mucho (¡mucho!) camino por recorrer en el desarrollo de políticas públicas de RSE. Pero la cuestión no es ésta. La cuestión de fondo, desde mi punto de vista es que la siguiente etapa para el desarrollo cualitativo de la RSE es el fortalecimiento de las políticas públicas de RSE.
En las relaciones entres RSE y gestión de personas sorprende que hasta muy recientemente no se hayan planteado –tanto conceptualmente como organizativamente- sus relaciones, y que su historia sea más bien de la de una ignorancia mutua.
Recientemente se ha publicado el libro Relaciones empresariales con comunidades locales y ONG. Comunicación, diálogo y participación. A riesgo de simplificar –y con ánimo de incitar a la lectura- señalo algunas conclusiones relevantes que pueden extraerse de dicho estudio.
La cuestión es si de cara a la opinión pública, cuando se habla del futuro de las cajas sólo se debe hablar de ratios, volumen, prejubilaciones y del FROB.
La CV plantea con toda claridad el reto del bien común, y lo hace en el contexto de la realidad actual, que tiene como referencia la globalización. Pero, en contra de lo que parece suponer la CV, afirmar la referencia al bien común no siempre arrastra de manera obvia su significado.
La "Caritas in Veritate" plantea una cuestión irrebasable: el debate no es sobre la empresa en general, sino sobre qué modelo de empresa apostamos.
Considero a la Caritas in Veritate un texto muy relevante, que aporta novedades importantes en el desarrollo de la Doctrina Social Pontificia, y que lamento que no se le haya prestado suficiente atención o que –lisa y llanamente- haya sido ninguneado por la opinión pública, y también en el club de la RSE.
El consumo ocupa hoy el centro de la organización económica, política y cultural de nuestra sociedad. Hace tiempo que ha dejado de ser un mero instrumento al servicio de nuestra supervivencia material o biológica para convertirse en uno de los factores principales (tal vez el que más) que determina la construcción de las identidades personales, de los estilos de vida, de nuestras formas de pensar y sentir, de las relaciones humanas y de nuestros valores.
Se ha dicho que en los medios de comunicación las buenas noticias son los anuncios. Una de las buenas noticias de los últimos tiempos ha sido el anuncio que, a caballo de la temporada triunfal del Barça, ha hecho la Damm (¿verdad que nos permiten ahorrarnos aquello tan ridículo de "una conocida marca de cerveza"?). Ha sido uno de los pocos mensajes positivos y propositivos que, en términos de valores, se han divulgado en nuestro país en los últimos meses.
El mérito de Gomá ha consistido en atreverse a proponer una teoría contemporánea de la ejemplaridad moral, una ejemplaridad pública persuasiva y no autoritaria capaz de construir un nuevo orden cívico que ponga las bases para el progreso moral.
Ya puestos a hablar de conocimiento, convendría explorar qué tipo de conocimiento reconocemos como tal y qué tipo de conocimiento excluimos de nuestra atención.
Ante la persistencia recurrente de organizaciones y sistemas tóxicos, me pregunto si a todo lo que podemos aspirar es a obtener recursos y capacidades personales para no vernos afectados por la toxicidad.