Ante la persistencia recurrente de organizaciones y sistemas tóxicos, me pregunto si a todo lo que podemos aspirar es a obtener recursos y capacidades personales para no vernos afectados por la toxicidad.
La verdadera cuestión pendiente en los inicios del siglo XXI es cuál es la función de una escuela de negocios, cuál es su razón de ser, qué contribución hace a la sociedad y qué la legitima ante la sociedad.
Una de las principales dificultades para el desarrollo de la RSE es la persistencia en plantear su valoración en términos binarios y en el terreno de las intenciones que cada quién atribuye a los demás.
Las manzanas podridas muy a menudo son el resultado de procesos de socialización en los que, en una gradación creciente, se llevan al extremo pautas de conducta no tan sólo toleradas, sino consideradas normales en la organización.
Si se me permite decirlo en un lenguaje propio de las películas del far-west, ha llegado el momento de no estar sólo contra los malos, sino también a favor de los buenos.
La compasión no es tan sólo un valor privado o un ejercicio sentimental: es también un valor público. De la misma manera que reiteramos la necesidad pública y social de la responsabilidad, también podríamos referirnos a la de la compasión.
Cuando las empresas juegan a la solidaridad, a la responsabilidad social decorativa, el resultado es una obscenidad, con cobertura mediática, por supuesto, pero obscenidad.
No cabe duda de que el techo de cristal es una imagen potente, que tiene fuerza, y que transmite gráficamente el núcleo de lo que quiere resaltar. La pregunta, sin embargo, es si la misma expresión nos encamina o no a la solución del problema.
Carles Campuzano es conocido en el mundo de la RSE por ser, junto con Ramón Jáuregui,
uno de los dos parlamentarios que más se han comprometido para impulsar
el debate de la RSE y su asunción en el mundo político. A día de hoy,
me parece que ambos han tenido más éxito -en lo que se refiere a este
punto concreto- fuera de sus formaciones políticas que dentro de ellas.
¿Los plazos de entrega y pago que las grandes empresas exigen e imponen a las pyme forman parte (o deberían formar parte) de una política de RSE coherente, o no?
No solo es importante, sino también urgente, que los valores y la ética del servicio público dejen de ser invisibles. Y ello requiere que también dejen de serlo –como colectivo- sus profesionales.
La voluntariedad ha sido uno de los grandes totems de la RSE. Algo casi sagrado, que se daba por supuesto y más allá de lo cual no se podía pensar la RSE.
Dame el punto de apoyo de la voluntariedad y levantaré el mundo de la RSE, era el mantra indiscutible. Axiomático… y tabú.
Con mi recuperación de la RSC pretendo plantear una nueva cuestión: es necesario que todos aprendamos a enfocar cada vez más los problemas en clave de RSC… de Responsabilidad Social Compartida.
El gobierno de la Generalitat de Catalunya acaba de aprobar RSEGENCAT, un plan de medidas de responsabilidad social para el período 2009-2012. Por muchas razones, ésta es una iniciativa claramente diferenciada en el panorama actual de las políticas públicas de RSE, y puede convertirse en un referente.