EL Comercial
Viernes, 12. Marzo 2010
El coraje de decir la verdad
01 de Julio de 2009 - 12:47:24 por josep maría lozano
Josep m LozanoPor mi trabajo, tengo el privilegio de poder conversar a fondo con personas que ejercen responsabilidades directivas en las más diversas organizaciones: empresas, partidos, administraciones públicas, ONGs, sindicatos, etc. Desde hace unos meses, en muchas de estas conversaciones, constato que se viene repitiendo la misma frase: "esto que te digo te lo digo en privado, pero en público no lo puedo decir". Esta frase se puede referir a los temas más variados: a las alianzas o pactos políticos; a la reforma de la educación primaria y secundaria; al desarrollo de la energía nuclear; a la introducción de formas de co-pago en la sanidad pública; a reformar el mercado de trabajo; a cambiar sustancialmente el sistema de tasas y becas en la universidad pública; a las condiciones para la acogida y la integración de los inmigrantes; al régimen laboral de la función pública; a adecuar la expectativa de servicios al nivel de la fiscalidad; a acabar –por parte de la patronal y de los sindicatos- con el tabú de la "unidad de mercado" español, verdadero sustituto de la "unidad de destino en lo universal"; a debatir en serio las posibilidades y los límites del concierto económico… y la lista podría alargarse todavía.

 

¿Qué tienen en común todas estas cuestiones? Pues básicamente que ponen en cuestión marcos de referencia sólidamente establecidos, hasta el punto que parecen inmutables, y que sólo el hecho de plantearlas como preguntas a considerar ya provocan un terremoto. ¿Qué mueve a quienes las plantean a hacerlo? Pues el convencimiento de que es absolutamente necesario enfrentarse a estas preguntas, porque los retos que tenemos y la situación en la que nos encontramos lo requiere, si queremos dar respuesta a lo que nos exige el presente y no simplemente esperar a ver cuánto podemos aguantar repitiendo los esquemas que fueron válidos en el pasado. ¿Qué explica que quienes hacen estos planteamientos lo hagan únicamente en un contexto de discreción? Pues, normalmente, la plausible certidumbre de que, si lo hacen públicamente, lo que ocurrirá no es que se entre en una discusión razonada, sino que, antes de cualquier argumentación y sin tiempo para ello, serán vilipendiados, quedarán despachadas y descalificadas sus propuestas por el acreditado sistema de etiquetarlas con cualquier estereotipo, y serán objeto de un linchamiento mediático… y lo malo es que no les falta razón.

 

Llegados a este punto, creo que deberíamos preguntarnos si nuestras elites tienen el coraje de decir la verdad. No en el sentido de no mentir (cosa que, por cierto, en algunos casos sería de agradecer); sino en el sentido de una veracidad honesta y coherente con las propias convicciones. En el sentido de expresar claramente su visión de los temas cruciales que debemos resolver, y su análisis de lo que nos es necesario para hacerlo; o, simplemente, de plantear algún interrogante sustancial ante lo que se da por supuesto, establecido e inamovible. Porque hemos de ser capaces de conquistar la libertad de aceptar que, a veces, las soluciones de ayer se han convertido en los problemas de hoy; y la humildad de asumir que las soluciones de hoy pueden devenir los problemas de mañana.

 

Claro que también sería necesario preguntarnos si en nuestro país además de atrevernos a decir la verdad, tenemos el coraje de escuchar la verdad. Normalmente preferimos el ruido mediático, el etiquetaje descalificador y sectario; el humeante pim-pam-pum pseudoideológico. Antes que escuchar la verdad, preferimos cultivar los tópicos que cohesionan a la propia parroquia, aunque el precio sea seguir retozando en la pereza mental y en la inanidad intelectual. Por eso, no nos engañemos, no le faltan motivos a quien renuncia a proponer su discurso en público ante el riesgo, más que fundado, de pasar sin solución de continuidad a ser crucificado, sin mediar argumento alguno. Vivimos secuestrados en el país de lo políticamente correcto. Pero entre otras razones, no nos engañemos, porque sobreabundan la jaurías de los dispuestos a saltar a la yugular del primero que ose mostrar señales de debilidad o de querer saltarse el guión. Esto genera cada vez más una disonancia perversa entre lo que decimos y lo que realmente pensamos.

 

Sin embargo, los tiempos que corremos hacen más necesario que nunca el coraje de decir la verdad. Porque en muchos ámbitos de nuestra vida económica, política y social, no nos bastan unos cuantos retoques, sino replantearnos a fondo los parámetros establecidos. Las soluciones de ayer son los problemas de hoy, no las soluciones para siempre. Por eso es tan importante desterrar la frase "esto que te digo te lo digo en privado, pero en público no lo puedo decir". Pero, en justa correspondencia, es igualmente importante batallar para conseguir desterrar el clima social y cultural que la hace posible, comprensible y justificable.

 

Tanto hablar de liderazgo (y de su ausencia, presencia o necesidad), y quizá convendría empezar por algo más básico. Como, por ejemplo, por la necesidad de ejercer y de acoger el coraje de decir la verdad.

www.josepmlozano.cat



Google YahootechnoratifacebooktwittermeneameBlinkListDel.icio.us


Ver perfil de
josep maría lozano
Usar puntuación: / 2

MaloBueno 
PDFDocumento pdf  Imprimir Imprimir  Correo electrónico Correo electrónico
Comentarios
Publicado 06 Julio 2009 - 10:24:44
quest
Pues tiene razón Profesor Lozano, pero desde la academia a veces no se ve la plaza entera, la academia tiene algo de "grada". En el mundo de la empresa, los que dicen las verdades no son casi nunca bienvenidos. Los que terminan por convertirse en Pepito Grillo son, al final, individuos molestos, y la organización los expulsa si es que no los expulsa alguna persona con cara y ojos. Rara vez, aunque a veces ocurre, algún directivo de empresa tiene el coraje, como Ud dice, de buscar entre sus colaboradores algún profesional de la verdad, por molesto que le resulte al final algunos se dan cuenta que, como dicen los ingleses, la autocomplacencia es el comienzo de la decadencia. Le recomiendo la lectura de "Negociando con Príncipes" de François de Callières, donde se explica con maestria porqué y cómo la lealtad no consiste en la adulación y el regalar las orejas a aquellos a quien servimos, sino en algo mucho más duro que es decir las verdades.

Responder
 

Escriba su comentario
Suscríbase en nuestra comunidad
Recuerde: Su comentario no será publicado hasta que el administrador lo apruebe
Nombre

Correo electrónico

Comentario
Codigo
Introduzca el código que se muestra:
Codigo
 
  Acepto los términos y condiciones de Diario Responsable
 



Suscribase


Para suscribirse al boletin de noticias o para registrarse en la comunidad de Diario Responsable click aqui

Diario Responsable en You Tube RSS de Diario Responsable.com Diario responsable en Twitter Diario Responsable.com en Facebbok Image Map
© Diario Responsable 2009
Aviso Legal - Contactar
Powered by Internet4e.com