Yo lo veo chungo. Pero mi opinión no representa a nadie más que a mi mismo. Por ello, se me ocurrio preguntar a unos cuantos expertos (importantes e influyentes para mi) en la responsabilidad social de las empresas. Ha sido un atraco - pedi las respuestas en menos de 24 horas - y no todo el mundo a quien pregunté ha tenido tiempo de contestar. Aquí están las respuestas por escricto orden de recepción, y al final una twitter encuesta, tú qué opinas?
Profesor. Consejero de Mapfre
Ahora mas que nunca el futuro es de la Responsabilidad Social. A pesar de que, aunque muchos no seamos culpables de nada, todos estamos pagando todavía el precio de la irresponsabilidad. Solo políticas empresariales/institucionales que trabajen el compromiso, la transparencia y la solidaridad harán posible la revolución ética que necesitamos las personas para conseguir un mundo mejor.
Necesitamos instalar definitivamente la cultura del esfuerzo, el trabajo y la decencia, desterrando desigualdades y corrupciones. El porvenir nos espera, y deberíamos vestirnos y empaparnos con la ilusión de la esperanza, que es la los jóvenes: ¡Tenemos tantas cosas por hacer!
Responsable de Asuntos Públicos de Telefónica
¿Cuánto tiempo llevamos intentando hacer de la RSC un elemento central enla estrategia de la empresa? ¿Y qué resultados hemos conseguido? Seamos sinceros: no hay más que preguntar al gran público, (no a los padres de los principales instrumentos globales relacionados con esta materia) para verque la RSC hoy se vincula más con programas sociales no necesariamente vinculados a la actividad de la empresa que con, por ejemplo, la gestióníntegra y ética de las multinacionales en el proceso de globalización, laidentificación de nuevas oportunidades de mercado con impacto positivo en la sociedad, o la gestión de riesgos derivados del negocio en aspectossociales, económicos o ambientales.
En otras palabras. En torno a la RSC, se ha generado un “efecto halo” asociado a los programas sociales, a la filantropía empresarial, al “buenismo”… que ha “secuestrado” su verdadera naturaleza. Creo que, si hoy, doce años después de lanzarse el Pacto Mundial, los medios de comunicación, las empresas y la opinión pública perciben que la RSC está vinculada básicamente a la filantropía como palanca de construcción y mejora de imagen, existen serias dudas de que este concepto pueda abandonar ese efecto halo e incorporarse como una palanca de creación de valor en el “core business” de las empresas. En otras palabras: el video (la accionsocial) mató a la estrella de la radio (la RSC).
Director de RSC de Iberdrola
Visto desde la situación actual en España, podría ser esa una impresión, dado que la situación económica actual extiende una percepción pesimista que afecta a todo lo que toca, entre ello a la RSE. Sin embargo:
-Siguen convocándose un gran número de jornadas y eventos relacionados con la RSE
-Los fondos ISR están incrementando de forma visible su actividad en este campo
-Sigue aumentando la sensibilidad social por denuncias contra grandes empresas en el ámbito de la RSE
-Aumenta la presión para mejorar la información pública de las empresas en términos de sostenibilidad
Otra cosa es que los presupuestos de acción social puedan disminuir, o que no se consoliden actuaciones extensivas en el ámbito de las pymes, o que los gobiernos no lo tengan ahora como elemento prioritario.
El comportamiento de las empresas seguirá estando en el punto de mira de la sociedad y el impacto reputacional y los riesgos asociados al no desarrollo de esta disciplina deberían ser factores relevantes para su desarrollo más allá de la situación coyuntural actual
Profesor de Economía y titular de la Cátedra 'la Caixa' de Responsabilidad Social de la Empresa y Gobierno Corporativo del IESE
Me parece que la RSC no se ha estancado; aunque, desde luego, le están afectando las medidas de austeridad que las empresas han tenido que aplicar. Esto vale, por lo menos, para las empresas que han adoptado políticas decididas de RSC. Las que las pusieron en marcha por razones de prestigio o de relaciones públicas, esas sí han reducido drásticamente sus presupuestos de RSC, como era de esperar, sobre todo en filantropía o acción social.
Lo que me parece más importante es que hay muchas empresas que se han tomado en serio sus responsabilidades con la sociedad y con sus grupos de interés, y que las mantienen, quizás con menos alegría y presupuestos más reducidos, y cuando llegue la recuperación, volverán a sus prácticas anteriores. Por otro lado, y aunque afirmemos que la RSC genera beneficios e innovación, no podemos pretender que se mantenga y aun se incremente el gasto en partidas relacionadas con la RSC.
Vicepresidente de Economistas sin Fronteras
No creo que la RSE esté en recesión. Al contrario, en los últimos años (y al margen de un progreso muy significativo en el ámbito de la reflexión y de la investigación) se han producido avances notables en muchos aspectos de su aplicación en la práctica empresarial (y de otras instituciones): tanto en el número de empresas que la aplican como en la forma en que muchas empresas la aplican.
Pero eso no significa que mi opinión al respecto sea optimista. Y no lo es, básicamente, por dos razones.
Por una parte, las expectativas generadas hace unos pocos años (o, al menos, las expectativas que muchos nos habíamos creado) eran muy altas: seguramente, excesivas. Y, desde luego, no se han cumplido. Algo que en parte se debe a la propia desmesura de las expectativas: a la probable falta de realismo y al olvido del carácter empecinadamente voraz del mercado y de la empresa (y particularmente de la de gran dimensión). Al olvido (o a la falta de comprensión) de que la empresa no es tan racional y tan capaz de entender sus “verdaderos intereses” a largo plazo, que es el fundamento en el que descansa el “business case” de la RSE: su capacidad de demostrar que lo que es bueno para los grupos de interés y para la sociedad es lo mejor también para la empresa.
Pero las expectativas no se han cumplido además (es la segunda razón) porque los avances registrados han sido, en mi modesta opinión, de mucho menor calado de lo que, inocentemente, algunos esperábamos. Sin duda, se han sofisticado enormemente los instrumentos y los informes, se han desarrollado infinidad de nuevos compromisos/acuerdos/códigos, se ha extendido el ámbito de aplicación de las políticas de RSE a muchas vertientes de la actividad empresarial y se han fortalecido (en conocimiento y en número) los equipos de RSE de muchas empresas. Pero se ha profundizado poco (muy poco) en los objetivos esenciales: transformar realmente las prácticas empresariales y el carácter de las empresas, reduciendo de verdad los comportamientos indecentes y los impactos negativos en la sociedad, mejorando la forma en que se relacionan con sus grupos de interés básicos e integrándolos en la toma de decisiones, reduciendo la prioridad con que se contempla a los accionistas frente a otros grupos de interés, ampliando el horizonte temporal de sus objetivos y primando la sostenibilidad por encima del beneficio a corto plazo.
Y todo esto es algo que se ha manifestado de una forma terriblemente hiriente con la crisis, generada por la irresponsabilidad de muchas empresas y que ha sacado a la luz (incluso en empresas que presumían de elevada RSE) actitudes, valores y comportamientos que creo que obligan a repensar radicalmente la valoración de la propia filosofía de la RSE. Por eso, la crisis ha sido también una crisis de la RSE.
Es en esa medida en la que algunos pensamos ahora que no basta con avances -eminentemente formales/superficiales- de la práctica voluntaria de la RSE, y que si queremos empresas realmente mejores, hace falta también (y sobre todo) leyes, políticas y regulaciones mejores.
Desde esa perspectiva, creo que la RSE no está en recesión ni se ha estancado, pero sí que ha entrado en un proceso de barroquismo creciente (y de paralela pérdida creciente de sustancia y de alma), cosechando unos rendimientos marginales sensiblemente decrecientes. No se ha estancado, pero sí que ha desilusionado (al menos -y mucho- a mí).
Coordinador de Observatorio de RSC
Dependiendo de qué tema abordemos. En los dos últimos años se ha avanzado en el marco internacional con iniciativas resaltables como ISO 26.000, lo principios rectores de Naciones Unidas, la revisión de 2011 de las líneas directrices y la última comunicación de la Comisión Europea.
Dentro del Estado español hay un clima actual que podemos calificar de cierto pesimismo y no ayuda a avanzar el desconocimiento de los planes que el actual Gobierno tiene sobre la RSE, la aplicación de la Ley de Economía Sostenible y las funciones del Consejo Estatal de RSE.
Director de Cumpétere
Es muy difícil decir si la responsabilidad empresarial esta estancándose. A diferencia de otros aspectos de la actividad empresarial, sobre ésta no tenemos indicadores agregados, solo tenemos la información desagregada de diferentes eventos, actividades y empresas y las consecuentes percepciones que ello genera. En gran medida la respuesta a la pregunta depende del contexto geográfico y de las expectativas. En el contexto geográfico la percepción es muy diferente en Europa que en América, la Latina y la otra. En Europa con el gran pesimismo sobre la situación económica, especialmente en España, pareciera que la responsabilidad, léase el interés común, esta en pleno declive, sálvese quién pueda, cada uno por su cuenta.
En América la situación se percibe muy diferente, mayormente “business as usual”, la situación económica en este sentido es neutral. Visto desde el punto de las expectativas, sí, la responsabilidad empresarial no las está cumpliendo. En América Latina había grandes expectativas de que no solamente la actividad iría en aumento sino que además se enfocaría en actividades que pudieran impactar el desarrollo económico y social (negocios inclusivos, base de la pirámide, creación de empleo, nuevos negocios, en fin, actividades proactivas. Pero se ve poco progreso más allá de algunas grandes empresas. En resumen ya sea desde las expectativas como de las percepciones de actividad, la situación es para pesimismo, estamos estancados. En España y en América Latina estamos pendientes de algún detonante, que podrían ser políticas públicas conducentes.
¿Pero donde están los líderes? No es automático.
Francisco Mesonero
Director General de la Fundación Adecco
Desde mi punto de vista, en tiempo de crisis la RSE no debe de verse afectada en el caso de empresas que ya la tienen incorporada como estratégica. En todo caso, la RSE se vera reducida, en cuanto al impacto sobre los grupos de interés, de forma proporcional, en la medida en que la crisis afecta a una empresa. Es decir, que por ejemplo tras un ERE los beneficiarios de politicas de conciliación evidentemente serán menos por haber menos empleados pero no desaparecerán las politicas. En todo caso, si en algunas empresas desaparecieran determinadas politicas de RSE como consecuencia de la crisis, querría decir que realmente no tenían incorporadas dichas estrategias en el Core Business y, podríamos estar ante un marketing responsable, mas que ante una verdadera política de RSE.
Por ultimo, creo que hoy en dia no hay mejor política de RSE que generar o mantener el empleo que es la principal preocupación de los españoles y, para ello hay muchas formulas flexibles que lo permiten sin olvidar que la crisis hemos de soportarla todos y, ser responsables y afrontar el esfuerzo, incorporando la RSI junto a la RSE.
Hernan Cortés Soria
Director de Sostenibilidad de Endesa
Las organizaciones que entendieron la RSE como una estrategia de comunicación externa, vocerías de la RSE o una mera contribución dineraria, dadas las características de recesión económica que nos toca vivir, han reducido sensiblemente su presupuesto y se han visto obligadas a cancelar buena parte de sus aportaciones y colaboraciones externas. Pregúntenselo a las numerosas organizaciones sociales que tratan de mantener las aportaciones externas o buscan intensamente nuevas colaboraciones.
Sin embargo, en aquellas otras empresas en las que se implantó un sistema interno de gestión de la RSE, las que están convencidas de que este modelo es el que las hace más comprometidas, más eficientes y más competitivas, es precisamente en estas condiciones cuando más fuertes se manifiestan. Son cada vez más los que miran con lupa y nos evalúan de nuestra gestión empresarial, que alcanza mucho más allá de la mera gestión comercial. Es ahora cuando de verdad se manifiesta quien apuesta por la RSE y quien silba.
¿y tú qué opinas?