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Opinión

diarioresponsable.com Para que un mensaje se difunda tiene que encerrar algo que capta nuestro interés. Eso pasa con la EBC, la Economía del Bien Común, que empieza a calar en el tejido empresarial mundial. Y con Christian Felber, que pasa de ser un auténtico desconocido hace 5 años a publicar 2 libros y presentar una ponencia en el Instituto Tomás Pascual Sanz, en un foro orientado al público corporativo español.

Porque la EBC es un movimiento que tiene mucho de Responsabilidad Social, y poco de buenismo. Es atrevido, es radical, con unas propuestas que todos deberíamos conocer, empezando por los gerentes y directores de corporativos.

El mensaje de Felber se empieza a difundir en Austria, Alemania, Italia, España, poco a poco lo vamos conociendo. El mensaje de la Economía del Bien Común es un mensaje basado en los valores que facilitan la creación de relaciones y de comunidades sólidas.

CrisisEn las últimas semanas ha habido una discusión en las redes especializadas en Responsabilidad Social (RS) acerca de una presunta enfermedad, debilidad, crisis, cansancio o incluso muerte de la RS en España (ver referencias a artículos de Antonio Vives aquí aquí, de Perla Puterman aquí aquí, de Elena Valderrábano aquí, de Ramón Jáuregui aquí, de Carmen Martí aquí… y seguramente hay otros: perdón por las omisiones). Llego tarde al debate, pero todo hace pensar que no está acabado, de modo que no aún puedo decir algo sobre él.

No tengo una postura definida sobre la supuesta crisis de la RS, ni un diagnóstico claro sobre lo que nos pasa. Estoy de acuerdo con la tesis de Antonio Vives: la RS no está frustrada o atormentada; quizás somos nosotros, los que nos dedicamos a ella como directivos, empleados, académicos, expertos, consultores o divulgadores, los que estamos cansados o desorientados. En todo caso, hay muchos motivos para alegrarnos de lo que se ha hecho, y debemos seguir trabajando con ilusión y ganas renovadas.  Si el debate sirve para conseguir esto, me parece que habrá sido un éxito.

A algunos parece preocuparles el hecho de que no estemos de acuerdo en qué es la RS y cómo se define. Pero es algo inevitable entre personas que proceden de entornos, culturas e intereses distintos. Pero tengo la impresión de que sí falta un debate suficientemente abierto, “a calzón quitado”, sobre los aspectos “fundamentales” de la RS. Me encontré con algo parecido en mi anterior “reencarnación” –en la que todavía sigo-, en el mundo de la en ética de la empresa. Al principio, en los años ochenta, como casi nadie hablaba de ética, me parecía bien que otros lo hiciesen, aunque no entendiesen por ética lo mismo que entendía yo: estábamos sembrando, despertando inquietudes, y me parecía bueno que las empresas se interesasen por el tema, sin importar quién fuese el predicador y cuál su mensaje concreto. Con el paso de los años resultó evidente que hablábamos de cosas distintas, de modo que, cuando charlaba con algún colega, era inevitable preguntarme si estábamos hablando de lo mismo o no.

gliglico¿Quién está dispuesto a desplazarse, a desaforarse, a descentrarse, a descubrirse?” – Julio Cortázar

A veces me pregunto si cuando hablamos de RSE hablamos en glíglico, ese lenguaje musical, exclusivo, compartido por los enamorados, en el que son capaces de crear su propio mundo.

Tal vez quienes nos enamoramos de la sostenibilidad y la responsabilidad social y empresarial, acabemos manejando un dialecto especial y un tanto alocado, que nos aleje del resto del mundo y, paradójicamente, nos haga estar mucho más en contacto con él. O quizás sea esa hermosa locura la más valiosa de las virtudes para conseguir el cambio que deseamos.

Como Cortázar, me cuestiono quién está dispuesta/o a desplazaRSE, a salir de su zona de confort, a dejar de hacer las cosas como siempre, a adquirir otros puntos de vista, a innovar, a transformar, a caminar al lugar donde se encuentra la responsabilidad y la justicia social.

diarioresponsable.omEl Pacto Mundial -Global Compact en inglés- fue una buena iniciativa del secretario general de Naciones Unidas Kofi Anan, que propuso en 1999 en el encuentro de Davos. A finales del siglo XX, era evidente que la globalización había incrementado el poder de las grandes corporaciones mientras que los poderes públicos habían visto disminuir su potencial de gobernar los destinos de la humanidad, con una eficacia en gran medida recluida en sus ámbitos locales.  

La iniciativa puso el foco, como era pertinente dado el promotor, en los derechos humanos y en grandes retos de la humanidad que estaban condicionados por el comportamiento corporativo privado. Así, las materias sociales, limitadas a los derechos humanos fundamentales, laborales y ambientales, fueron los tres ámbitos que focalizaron los principios elegidos. En los inicios de la RSC, y aun ahora para los que tienen una comprensión más cercana a la amalgama que a la integralidad, este enfoque de gestión era interpretado como una suma de buenas prácticas en algunas dimensiones complementarias al núcleo de la gestión empresarial, los temas sociales, laborales y ambientales. 
 
Con todos los escándalos vinculados a la gobernanza corporativa, el vector del buen gobierno se añadió con fuerza dentro de las materias de la RSC, y el Pacto Mundial, cinco años después de haberse creado, en 2004, añadió un décimo principio en este campo, la lucha activa contra la corrupción. Ahora se cumple una década de aquel hecho. 

diarioresponsable.com Andrés Rábago, el Roto, publicó no hace tanto un hermoso y recomendable libro con el mismo título que ahora tomo prestado para este artículo. El genial dibujante/humorista/sociólogo escribió en el prólogo que “al repasar las viñetas seleccionadas e intentar darles una mínima estructura narrativa, apareció un mundo del que cabría sospechar su inminente destrucción y necesario renacimiento...” Era 2013 y ahora, dos años más tarde, rebus sic stantibus –estando así las cosas o estando como estaban– ignoro si a esa inquietud, a ese proceso de eventual catarsis que el Roto demanda hay que llamarle resurrección o, como se pide y se vocea desde muchos ámbitos, regeneración; en cualquier caso, lo que parece claro es que si nuestra vida en común, si nuestra moderna sociedad, quiere ser más justa y mejor, si olvidando su hiriente desigualdad, pretende perpetuarse en el tiempo (y esa es una muy humana vocación) precisa afianzarse en algunas bases que pareciéramos haber olvidado; al fin y al cabo, regenerar es facilitar la restauración y el desarrollo de los tejidos, de las instituciones que nos faltan, de las que hemos dejado consumirse o de aquellas que se encuentran gravemente corrompidas y enfermas, incluso desahuciadas. Y para hacer ese trabajo el tiempo se agota y las oportunidades escasean. Necesitamos una nueva narrativa que nos ayude a recrear una sociedad cuyos fundamentos morales se han hecho frágiles y en la que muchos de sus valores han perdido su significado.

Hecha la reflexión, confieso que con inquietud intelectual y espíritu abierto, dispuesto a escuchar y a seguir alimentando el zurrón de mis cada vez más escasos saberes, asistí en Madrid en los primeros días de enero a un llamado encuentro entre el profesor Thomas Piketty y Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, también profesor de Economía, por cierto. El tema que nos reunía tenía gancho: “Capitalismo, crisis y desigualdad”. Lleno desbordante, éxito de convocatoria, caras conocidas, pocos empresarios, como siempre los inevitables tertulianos sabelotodo y gran expectación para ver de cerca a Piketty, autor del best-seller mundial El capitalismo del siglo XXI; y, además, un presentador/moderador, el periodista Javier Ruiz, que lo hizo muy bien y puso coto a los asistentes que en el coloquio pretenden dictar una lección magistral antes de hacer su pregunta. Sin duda, un acto de los que se recuerdan durante tiempo, con luces y sombras, eso sí, porque hay que darle a cada uno lo suyo.

diarioresponsable.com La economía en nuestras vidas.

Economía... esa sombra que todo lo cubre.

Centro de nuestro día, según parece ser.

Hasta aquellos que levantan su voz contra ella lo hacen para cambiarla,  pero no de lugar.

Los que de ella viven y aquellos que la sufren, todos ellos juntos, se muestran firmes en mantenerla en ese espacio general, prepotente y falso.

Economía que llena papeles y okupa nuestro tiempo, sin permiso para ello. De ella todos hablamos, inundando nuestras cabezas de datos y palabras que tantas veces no dicen nada.

Se nos muestra fuerte y distante, compleja, difícil de entender y aun más de controlar,... salvo para unos pocos. Aquellos que regalan miedo para seguir siendo pocos.

Pero en esta historia hay, al menos, dos grandes mentiras pues en realidad:

La economía es de cada uno de nosotros. Es una herramienta que a todos nos pertenece y la debemos utilizar para nuestro bien - estar, para el bien - común.

NO es la que marca los caminos de nuestras vidas. No es omnipotente, ni la clave de lo que nos ocurre. Sin embargo permite ser controlada por una minoría frente al resto de la humanidad. Es manejable si estás entre los elegidos, nadie sabe por quién.

Nuestras vidas, al contrario,se marcan con música, poesía, cuentos, bebida y comida, humor, paisajes, lugares, tradiciones, costumbres, …. y saber popular. Tantas y tantas cosas que forman nuestra cultura.

diarioresponsable.comQuienes por su actividad profesional, como es mi caso, conozcan los variados materiales que las escuelas de negocios editan y publican sobre las nuevas filosofías en la gestión de los recursos humanos, comprobarán que, cuando se refieren a la "nueva empresa", a la "empresa abierta" e innovadora en la gestión de las personas, en su gran mayoría ignoran, o está prácticamente ausente, el  papel del sindicalismo y la función de los representantes sindicales. Y de manera explícita o implícita, sostienen que en las empresas con nuevas formas y estilos de gestión participativa y abierta, los sindicatos son un agente extraño, por no decir distorsionador.


responsables_bankiaBankia maquilló sus cuentas en su salida a Bolsa, según los peritos judiciales del Banco de España. Los 410 folios de su informe ponen de relieve que quienes debían haber controlado que era una operación decente no lo hicieron suficientemente.

No lo hizo la CNMV, no lo hizo el Banco de España, no lo hizo la auditora Deloitte...etc

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