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diarioresponsable.com No hace mucho tiempo un gran amigo decía en una conferencia que “En el pasado teníamos que trabajar duro para producir cosas útiles; hoy, tenemos que consumir productos y servicios que aporten valor social para poder trabajar”  En esta frase se recoge mucha de la esencia de lo que podremos leer en estas líneas; para tener una sociedad sostenible, y más justa, las Administraciones Públicas deben posicionar la Responsabilidad Social entre sus criterios de consumo, no hacerlo también es una actitud, aunque sea contraria.

La introducción de las cláusulas sociales en el ámbito de la contratación pública ya se vio refrendada en la Directiva Comunitaria 2004/18/CE, y reiterada en la Directiva 2014/24/UE del Parlamento Europeo y del Consejo, sobre contratación pública y por la que se deroga la anterior, atendiendo en todo momento a la libertad de acceso a las licitaciones, no discriminación e igualdad de trato a los licitadores y sin menoscabo a la concurrencia, transparencia y publicidad que han de regir todo proceso de contratación.

Para hacer efectivo esta directiva se hace necesaria concentrar el conocimiento existente en este tipo de cláusulas y trasladar a las personas responsables de la Administración ejemplos concretos que posibiliten su inclusión en los procesos de contratación y con ello poner en marcha uno de los vectores más importantes para impulsar la innovación en las Administraciones. En esta innovación está la respuesta de muchas de las reivindicaciones ciudadanas, e incluso de los movimientos sociales, pero también nos encontramos la posibilidad de adaptar nuestras estructuras administrativas al siglo XXI.

diarioresponsable.com ¡Qué pregunta!  Un buen número de interesados en RSE y en sostenibilidad no conoce el significado de resiliencia, aunque algunos habrán escuchado o leído la palabra en inglés: resilience que ahora se está poniendo de moda y hay quienes pretenden usarla como sustituto de la sostenibilidad.  Originalmente el concepto fue sido desarrollado en el contexto de la persona, de la psicología. [i] [ii]

 No es de extrañar que muchos no conozcan la palabra.  Existe en español pero solo ha sido recogida por primera vez en la nueva edición (23ª, octubre 2014) del Diccionario de la Real Academia:

resiliencia.

1. f. Psicol. Capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas.

2. f. Mec. Capacidad de un material elástico para absorber y almacenar energía de deformación.

Nótese que la definición se hace en referencia al ser humano (psicología) y a materiales (mecánica).  En el caso del ser humano se refiere a la capacidad mental, aunque podría (¿debería?) incluir la capacidad física de resistir situaciones límites y sobreponerse a ellas (frío, calor, cansancio, infecciones, etc.).  En algunos casos se puede considerar como antónimo de vulnerabilidad.(Resiliencia es crecer en el desierto, sostenibilidad es evitar la desertificación)

diarioresponsable.com Las elecciones se celebrarán en tiempo de cerezas, luego ahora toca tiempo de promesas. Hasta ahora los programas electorales se llenaban, en general, de promesas vagas.

Por eso  a los partidos veteranos y a los noveles desde aquí les pido: por favor, formulen las metas concretas que quieran alcanzar, así la ciudadanía sabrá  qué está eligiendo.

Pero, desde mi punto de vista, este tiempo también es un tiempo de deberes para la sociedad civil. Las entidades sociales y movimientos sociales, tan instalados con amplias razones en el lamento de la oscuridad, deberíamos encender velas.  Es tiempo de formular sueños colectivos que encajen bien dentro de una utopía pragmática.  Es tiempo de formular  metas concretas y de dialogar con los partidos para que las incorporen en sus programas. Y es tiempo también de realizar pedagogía social para que la ciudadanía las entienda y las defienda.

diarioresponsable.comLa medición de la huella social de la Responsabilidad Social (RS) es, cada vez más, un requisito imprescindible. “Lo que no se mide, no existe”. Y “solo se mide lo que se valora”. Me parece bien, claro. Si estás haciendo cosas para tus stakeholders, para crear valor para ellos, para solucionar sus problemas, es lógico que intentes hacerlo de la mejor manera posible. Y, por tanto, que lo midas. Y lo mejores. Y lo comuniques. Eso es lo que esperan tus stakeholders, y las onegés, y los medios de comunicación, y los políticos, y la sociedad…

De acuerdo. Pero no del todo. Supongamos que una empresa se ocupa de sus empleados, más allá de lo que les paga: trata de darles formación, mejorar su empleabilidad, facilitar la compatibilidad trabajo-familia… Todo esto crea valor para ellos, y puedo medirlo o, al menos, tratar de medirlo. Además, soy consciente de que mi sistema de incentivos puede provocar actuaciones inmorales, como animar a mis vendedores a mentir al cliente, o a “robar” un cliente a otro colega. Por tanto,dentro de mi responsabilidad hacia mis empleados debe incluirse la huella social de ese cambio de incentivos. Pero, ¿tiene sentido medir el desarrollo de las virtudes y la lucha contra los vicios? ¿Cuánto vale para la sociedad, o para mis empleados, o para mi empresa la disminución de las mentiras a los clientes? Claro que puedo hacer supuestos heroicos sobre el número de contratos perdidos porque el cliente se ha rebotado ante una mentira de mis vendedores, pero… ¿cómo medir el empeoramiento de las actitudes y los valores de esos vendedores?

Todo esto se me ocurrió el otro día, leyendo un folleto que me envió mi buen amigo Ignacio Valduérteles, titulado “Informe sobre la caridad en las Hermandades de Sevilla”. Las Hermandades son asociaciones que tienen un carácter religioso y social, y que ocupan un lugar importantísimo en la vida sevillana. Ignacio dirigió un estudio sobre la acción social de esas Hermandades y Cofradías, en forma de diversas atenciones, en metálico o en especie, Es acción social, no propiamente RS, porque no son empresas, sino entidades de finalidades religiosas y sociales, como ya he dicho. Pero parece bueno medir su impacto, ¿no?

diarioresponsable.com “Muchos vaticinaban que la RSE iba a morir pero miren toda la gente que está aquí, no sólo ha sobrevivido en estos años de crisis sino que ha salido fortalecida, se puede decir que la Responsabilidad Social Empresarial made in Spain es una inversión muy rentable”, así ha comenzado este martes Jaime Silos, director de desarrollo corporativo de Forética, la presentación del Informe 2015 sobre el estado de la RSE en España. La sexta edición del estudio subtitulada “Ciudadano consciente, empresas sostenibles” subraya que por primera vez desde 2008 crece hasta un 36,2% los consumidores que incluyen criterios sociales, ambientales y éticos al decidir qué productos y a qué empresas comprar y que para un 76% de la población la RSE debería ser un imperativo moral.

La jornada ha sido inaugurada por German Granda, director general de Forética, y por Alberto Durán, presidente de la junta directiva de la misma institución, donde se ha resaltado cómo la RSE supone un 3% más de rentabilidad y un 2% menos de riesgo, por lo que es un sinónimo de competitividad. "La sociedad del mañana no comprenderá una empresa que no sea sostenible, responsable y competitiva", ha concretado Durán.

A continuación, Jaime Silos ha ido desgranando poco a poco los resultados de este Informe de 2015, un documento que detecta como principales tendencias globales de RSE los retos vinculados a la transparencia, la fiscalidad responsable, el Big Data, el cambio climático o los Objetivo de Desarrollo Sostenible. Tres son los temas principales que se tratan: el grado de desarrollo de la RSE en España desde la óptica de las políticas públicas (donde destaca la reciente aprobación de la Estrategia Española de RSE) como desde la perspectiva empresarial persistiendo una brecha en cuanto a adopción de políticas de RSE entre grandes empresas y pymes. También, se presta especial atención a la implicación ciudadana donde se observan dinámicas favorables al crecimiento del consumo responsable.

diarioresponsable.comHace escasas semanas, el ICO lanzó el primer bono de impacto social en España. La emisión fue todo un éxito. La agencia financiera colocó 1.000 millones de euros  y la demanda cubrió más de dos veces la oferta. Esta emisión tiene como objetivo facilitar el crédito en regiones con menor renta per cápita, condicionado a la creación y mantenimiento del empleo.  Unos meses antes, Abengoa e Iberdrola, realizaron sendas emisiones de bonos verdes por valor de 500 y 750 millones de euros respectivamente, que sirven para financiar proyectos de alto desempeño ambiental, como la generación de energía procedente de fuentes renovables, la optimización de la gestión del agua o  el desarrollo de smartgrids. Nos encontramos ante el boom de las inversiones de impacto. Este artículo trata de analizar las claves del éxito de esta fórmula de financiación de proyectos socioambientales, sus perspectivas de futuro, así como sus puntos débiles. Al fin y al cabo,  donde hay beneficio, hay un riesgo implícito.   

¿Qué es un bono de impacto?

Los bonos de impacto son una fórmula de financiación que permite originar recursos para el desarrollo de actividades con un impacto social o ambiental positivo. Desde un punto de vista financiero, se trata de una transacción más, en la que existe un prestamista y un prestatario.

Lo verdaderamente original, es que los promotores de dichas iniciativas  acuden a los mercados de capitales involucrando  a inversores profesionales en un campo antes constreñido, fundamentalmente, a las donaciones caritativas de particulares o la contribución con cargo al erario público.

Esto aporta tres beneficios importantes para las entidades sociales. Por un lado, se amplía exponencialmente el volumen de recursos potenciales para el apoyo de sus proyectos. Por otra parte, se fortalece la rendición de cuentas ante una comunidad de agentes que participan en el bono, como son las entidades sociales, los verificadores externos, los  intermediarios financieros, los supervisores y los propios inversores. Por último, se crea un incentivo adicional para batir sus objetivos del proyecto ya que si lo hacen, además de crear más valor social, generarán mayores rentabilidades y habrá más inversores dispuestos a financiar iniciativas la próxima vez.

diarioresponsable.com Recientemente, en diciembre de 2014, ha entrado en vigor la Directiva 2014/95/UE sobre la divulgación de información no financiera y diversidad, aunque no será de obligado cumplimiento hasta enero de 2017, no hay tiempo que perder.

Cuando en mayo 2013, la GRI publicó la nueva versión de su guía G4, se fijó un periodo voluntario de dos años para hacer el cambio. En mayo de 2008 cuando se publicó la versión G3 muchas empresas lo adoptaron enseguida y no había un periodo transitorio marcado. Por el contrario, la transición a la versión G4, está siendo bastante más lenta. Para informes de sostenibilidad publicados a partir del 1 de enero de 2016 va a ser de uso obligatorio. Esto significa, que si una organización aún no está utilizando la G4, le queda poco tiempo.

¿Y cuál es el problema?

La gran diferencia entre G3 y G4 es que mientras G3 fue proclive a ser usada como una lista de indicadores,  la G4 exige que las organizaciones profundicen y gestionen los aspectos de sostenibilidad que les afectan.

diarioresponsable.com |Las empresas tienen un serio problema de reputación con su integridad. Los ciudadanos (que también son clientes, empleados, proveedores y accionistas) no han dejado de manifestarse en contra del comportamiento ético de las compañías en los últimos años. Así se advierte, al menos, en los últimos Balances de Expresión Online (BEO) estudios realizados por el CORPORATE EXCELLENCE Centre for Reputation Leadership y LLORENTE & CUENCA.

En la cuarta edición del estudio, de próxima publicación, la dimensión relativa al uso del poder y la ética del negocio (llamada “Gobierno” por el Reputation Institute) volverá a aparecer como la peor valorada en el conjunto de los 15 sectores empresariales analizados. Ya ocurrió lo mismo en la del 2014, la del 2013 y en la de 2011, en las que sólo recibió menos calificación la dimensión “Trabajo”.

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