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diarioresponsable.comEl lenguaje es el reflejo de una sociedad, su cultura y de su forma de entender el mundo. Esto es así, hasta el extremo de encontrar palabras sin traducción directa (o literal) porque expresan una idea, un concepto o un sentimiento que en otros idiomas –y por ende en otras culturas- requiere de un circunloquio o de una descripción aproximada que no siempre consigue respetar todos los matices de la original.

Por ejemplo, la palabra japonesa tsundoku no tiene traducción directa al inglés o español.  Literalmente significa comprar libros y no leerlos, dejando que éstos se apilen en las estanterías o incluso en el suelo, nuevos,  sin ser leídos (quien esté libre de pecado, que lance la primera piedra).

Que el idioma japonés tenga una palabra específica para describir esa situación ya da muchas pistas de lo que los japoneses consideran relevante. Por cierto… ¿Sabías que la palabra sobremesa no tiene traducción directa a otros idiomas?  Eso también da pistas de las cosas que consideramos relevantes los hispanoparlantes.

Ahí radica la riqueza de un lenguaje, de una cultura.  En su capacidad para expresar -a través de pocas palabras- situaciones, sentimientos que nos embargan o para reconocer automáticamente el uso de un peyorativo cuando alguien quiere hablar con desdén de algo o de otra persona.

diarioresponsable.com Otra vez el Prof. Antonio Argandoña ha publicado un artículo muy incisivo y que desgrana el meollo del asunto que trata con precisión.  En este caso: Informar sobre la Responsabilidad Social.  Analiza las disyuntivas y deficiencias de la información que proporcionan o dejan de proporcionar las empresas.  Como en ocasiones anteriores, estimula a reflexionar sobre sus opiniones y a reaccionar.  En este artículo daré mi opinión sobre algunas de las inquietudes que presenta y ofreceré algunas observaciones complementarias. [i]

Comencemos con algunas de las citas de su artículo que considero más pertinentes a la discusión, aunque recomiendo la lectura completa del artículo:

“El problema de la información sobre la RSC es que no tenemos claro de qué se trata de informar y para qué. ..... ahora ya tenemos la información… ¿qué vamos a hacer con ella? Es lo que suele ocurrir cuando uno no tiene claro para qué quiere dar o recibir la información: tendemos a decir o a pedir todo lo que se nos ocurre, y luego ya veremos qué hacemos con todo esto.”

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diarioresponsable.com“No sólo estamos viviendo una crisis económica, también vivimos una crisis de valores”… 

“Los bancos y empresas deben cambiar de valores”…

“Necesitamos otros valores en nuestra sociedad”…

“¿¡En dónde quedaron los valores!?”…

Empiezan a ser frases habituales en los medios de comunicación, en nuestro día a día… el modelo de más, más rápido, más barato y sin prestar mucha atención al cómo está cuestionado e incluso está siendo la causa del desequilibrio. Pereciera que necesitamos un cambio de modelo mental, de sistema de creencias. Un cambio cultural, en resumidas cuentas.

Es cierto que las organizaciones deben seguir ofreciendo productos y servicios cada vez mejores, que aporten un valor añadido a las personas que los adquieren, pero la sociedad está empezando a valorar también su comportamiento: Quién eres y qué valores representas empieza a ser tan importante como la calidad de tus servicios.

diarioresponsable.com Mi amigo el catedrático, un hombre sabio y justo, me recuerda que en el actual discurso social, y desde hace algunos años, la palabra empresa ha sido canibalizada casi en exclusiva por la gran empresa. Para lo bueno, lo malo y lo peor, faltaría más, es como si las pequeñas y medianas empresas no estuvieran en el mapa, y ello a pesar de que la gran empresa solo representa un escaso porcentaje –en torno al uno por ciento– del entramado socioeconómico global. El informe Edelman Trust Barometer 2015 revela que, a nivel mundial, se ha producido una alarmante caída de la confianza en todas las instituciones, volviendo a los limites de la recesión del 2008. Según el informe, que se hizo público en los primeros días de marzo, la confianza en los gobiernos, empresas, medios de comunicación y ONGs se sitúa por debajo del 50% (el aprobado raso) en dos tercios de los países, entre ellos Estados Unidos, Alemania y Japón, que mucho tendrán que mejorar, y ese es su problema y también su responsabilidad.

En España solo aprueban las ONGs, con un 6,3 de indice de confianza, y suspenden medios de comunicación (4,7), empresas (4.3) y gobiernos, con un rotundo y preocupante 2,6. Es verdad que la confianza general sube en España, aunque nuestro país sigue formando parte del grupo de 13 naciones que no llegan al aprobado, como Irlanda, Suecia o Italia. Son los países emergentes los que lideran el ranking de confianza, con Emiratos, India, Indonesia y China a la cabeza e índices del 8,4 al 7,5; todos notables altos.

Y, hablando de las empresas y de las instituciones, ¿ahora qué? A lo mejor, como escribe Caballero Bonald, “...me he hecho viejo ay de mí y en derredor también han ido erosionándose”, o no somos capaces de entender, como aquellos que tienen la responsabilidad de hacerlo, que en este cambio de época, cuando las ilusiones básicas se han agotado, convendría recordar a los fatuos mandamases de toda clase y condición, que “...la grande y verdadera gloria supone estas tres condiciones: que nos ame la multitud, que tenga confianza en nosotros, y que con cierta admiración nos considere dignos de honor.” Hace mas de dos mil años, Cicerón escribió esas hermosas palabras en De Officis, una larga epístola dedicada a su hijo Marco para hacerle partícipe de sus convicciones éticas y comprometerle con la vida de la polis, además de embeberlo en la necesidad de la honestidad como parte de la conducta vital, y en la solidaridad como exigencia ineludible de los que, como los seres humanos, pertenecemos a una comunidad.

greenwashVamos a suponer que eludir las normas es una tendencia inherente a la raza humana, especialmente si acatarlas supone una tedioso proceso. El problema es cuando estas normas se ponen de moda e intentamos subirnos al carro por el camino más corto. Entonces, sólo entonces, nace el GreenWashing.

diarioresponsable.com Hace unos días participé en la UNED (Universidad Nacional de Educación a Distancia) en el tribunal de la tesis del ahora ya Doctor Juan Diego Paredes, sobre la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) en el sector eléctrico, medida a través de un indicador sintético, tesis escrita bajo la experta dirección de Marta de la Cuesta (UNED) y José Miguel Rodríguez (Universidad de Valladolid). Un tema que Juan Diego trata en la tesis, y que discutimos en su presentación, es el de la información que proporcionan las empresas sobre sus prácticas de RSC. Lo que comento aquí son mis ideas sobre el tema, que no involucran a ninguno de los mencionados antes.

El problema de la información sobre la RSC es que no tenemos claro de qué se trata de informar y para qué. Me parece que ya comenté en una entrada anterior que me llamó la atención una entrada en un blog que decía algo así como: ahora ya tenemos la información… ¿qué vamos a hacer con ella? Es lo que suele ocurrir cuando uno no tiene claro para qué quiere dar o recibir la información: tendemos a decir o a pedir todo lo que se nos ocurre, y luego ya veremos qué hacemos con todo esto.

El problema es que, así planteada, la información será difícilmente útil o aplicable a todos los interesados y, además, cara de obtener y difícil de manejar. Leí una vez una explicación del concepto de rendimientos decrecientes, que me gustó. Te regalan una habitación grande, llena de pistachos. A ti te vuelven loco los pistachos, de modo que aceptas encantado. Solo te ponen una condición: no debes sacar de la habitación las cáscaras vacías. La productividad de la primera hora es altísima, al borde del empacho de pistachos. Dentro de una semana, te pasas horas y horas rebuscando entre cáscaras vacías un pistacho lleno. Y mucho antes de que haya agotado los pistachos, dejarás de buscar. Pues algo parecido pasa con la información sobre la RSC: entre cientos de datos, te cuesta mucho sacar algo en claro sobre la RSC de la empresa.

diarioresponsable.com Bajo el eslogan “Hacia un territorio socialmente responsable”, el IV Congreso Nacional de Responsabilidad Social celebrado el pasado mes de febrero en Zaragoza se va consolidando como uno de los principales foros anuales de expertos en RSC, del mundo empresarial, del sector público, de las entidades no lucrativas, del ámbito académico y profesional. Esta IV edición volvió a ser eminentemente práctica, destacando en sus diferencias presentaciones y debates:

•  Que existen beneficios tangibles e intangibles en la implantación de políticas de la RSC. En su desarrollo y aplicación ejemplar es clave el papel de la administración y su colaboración con las empresas y la sociedad civil.

•  La RSC contribuye a que el territorio sea más competitivo a través de un modelo de cooperación entre los diferentes agentes socioeconómicos y también entre zonas rurales y urbanas contribuyendo a la cohesión territorial.

•  Las pequeñas y medianas organizaciones pueden y deben aplicar la RSC, que no es exclusivo de las grandes corporaciones y debe ser la base de su relación con los grupos de interés.

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