Cuando hablamos de Responsabilidad Social, siempre decimos que no es una práctica exclusiva de las empresas sino que todas las organizaciones deben comprometerse en este sentido y mencionamos las ONG, las fundaciones...y la administración pública. Este es el discurso políticamente correcto.
Si la sociedad no fortalece el compromiso de no hacer aceptables y plausibles ciertos comportamientos personales y corporativos, la RSE no podrá aportar el sentido de cambio cultural que lleva implícito y fracasará en su máximo reto