A todos nos que no dedicamos a esto de crear modelos de negocios responsables, aproximadamente entre una o dos veces a la semana se nos pasa por la cabeza por qué el consumidor no premia nuestro trabajo... o no lo premia tanto como nos gustaría.
Todos en mayor o menor medida hacemos referencia a la variable precio. Claro, los productos o servicios responsables son de un precio más elevado (por no decir caros) y el consumidor, con la que está cayendo, no está dispuesto a pagar un sobre precio.
Las consideraciones sobre el lenguaje inclusivo o sobre lo que es políticamente correcto nos pueden llevar, en el límite, a conductas de enmienda que pueden rayar lo absurdo. Debemos actuar con mesura hacia lo que pueda ser adecuado de corregir, con respecto también por lo que forma parte del legado cultural de la historia, tal como se ha producido. En todo caso, el esfuerzo debería ponerse en el cambio de valores y la mejora de la sensibilidad, quizá incluso valiéndose de estas proyecciones que nos llegan de siglos atrás.