No cabe duda de que el techo de cristal es una imagen potente, que tiene fuerza, y que transmite gráficamente el núcleo de lo que quiere resaltar. La pregunta, sin embargo, es si la misma expresión nos encamina o no a la solución del problema.
No solo es importante, sino también urgente, que los valores y la ética del servicio público dejen de ser invisibles. Y ello requiere que también dejen de serlo –como colectivo- sus profesionales.
Hay una pregunta impertinente que inevitablemente hemos de formular: ¿por qué a lo que hoy llamamos irresponsabilidad hace cuatro o cinco años lo llamábamos éxito empresarial?
He terminado mis sesiones en el EMBA de ESADE. No sé si para los participantes lo han sido, pero al menos a mí las sesiones me han resultado muy interesantes, en las que habido aportaciones y diálogos que me han ayudado a afinar y ajustar algunos de mis planteamientos, y en las que se ha confirmado que no hay nada más estimulante y divertido que debatir desde la diversidad de razones y enfoques.
La paradoja es que la cuestión de la enseñanza de la RSE en las escuelas de negocios, hoy por hoy, es, desde mi punto de vista, un tema a la vez pendiente y superado. Pendiente, porque en muchos casos no se han resuelto todavía ni sus contenidos, ni su lugar en los programas, ni sus metodologías. Superado, porque lo que se les plantea a las escuelas de negocios con la pregunta por la RSE no es un tema de currículum, sino una cuestión de identidad. Y mi sospecha es que el tema del currículum no se resolverá satisfactoriamente hasta que se dé respuesta a la cuestión de la identidad. www.josepmlozano.cat