La formación en liderazgo es un reto de primer orden en todas sus dimensiones y para todos los agentes que intervienen: formadores, organizaciones y directivos.
Todavía hay mucho (¡mucho!) camino por recorrer en el desarrollo de políticas públicas de RSE. Pero la cuestión no es ésta. La cuestión de fondo, desde mi punto de vista es que la siguiente etapa para el desarrollo cualitativo de la RSE es el fortalecimiento de las políticas públicas de RSE.
El consumo ocupa hoy el centro de la organización económica, política y cultural de nuestra sociedad. Hace tiempo que ha dejado de ser un mero instrumento al servicio de nuestra supervivencia material o biológica para convertirse en uno de los factores principales (tal vez el que más) que determina la construcción de las identidades personales, de los estilos de vida, de nuestras formas de pensar y sentir, de las relaciones humanas y de nuestros valores.
Una de las principales dificultades para el desarrollo de la RSE es la persistencia en plantear su valoración en términos binarios y en el terreno de las intenciones que cada quién atribuye a los demás.
Las manzanas podridas muy a menudo son el resultado de procesos de socialización en los que, en una gradación creciente, se llevan al extremo pautas de conducta no tan sólo toleradas, sino consideradas normales en la organización.
Si se me permite decirlo en un lenguaje propio de las películas del far-west, ha llegado el momento de no estar sólo contra los malos, sino también a favor de los buenos.
Creo recordar que era Jean-Paul Sartre quien decía que el hombre nacía libre, responsable y sin excusas. Esta reflexión me ha venido a la memoria al leer el último informe que EIRIS acaba de publicar, en el que afirma que algunas de las principales empresas a nivel mundial de determinados sectores continúan teniendo serias dificultades para aplicar en sus cadenas de suministro las normas fundamentales del trabajo de la OIT.
La compasión no es tan sólo un valor privado o un ejercicio sentimental: es también un valor público. De la misma manera que reiteramos la necesidad pública y social de la responsabilidad, también podríamos referirnos a la de la compasión.
La Inversión Socialmente Responsable Institucional empieza a despegar en nuestro país ya que, según datos de este informe, a cierre de 2008, 12 fondos o planes de pensiones han integrado ya criterios de ISR con un patrimonio gestionado de 12.068 millones de euros. Según concluye el Observatorio de la ISR, factores como la firma de los Principios de Inversión Responsable de Naciones Unidas, el impulso desde las comisiones de control de los planes, el papel de los sindicatos y la creación del Spainsif, han sido los detonantes de este cambio de tendencia.
¿Los plazos de entrega y pago que las grandes empresas exigen e imponen a las pyme forman parte (o deberían formar parte) de una política de RSE coherente, o no?
El pasado jueves se celebró la III Jornada Anual del Instituto de Innovación Social de ESADE en la que Juan Ignacio Entrecanales, vicepresidente de Acciona, Pedro Vázquez, director adjunto de Bancaja, y Carlos Mas, presidente de PriceWaterhouseCoopers, debatieron sobre su visión y experiencias en torno a la RSC en una mesa moderada por el consultor Jose Ángel Moreno. En la jornada también intervino Ignasi Carreras, director del Instituto de Innovación Social de ESADE.
No solo es importante, sino también urgente, que los valores y la ética del servicio público dejen de ser invisibles. Y ello requiere que también dejen de serlo –como colectivo- sus profesionales.
Desde hace algún tiempo, aparece con más frecuencia un movimiento conceptual que postula una articulación de la RSE vinculada a los factores que configuran la llamada ESG (por sus siglas en inglés). En los últimos años se ha hablado largo y tendido de los dos primeros elementos que la conforman –los aspectos sociales y medioambientales–, pero, respecto al tercero, que se refiere a la gobernanza, me llama la atención que no se le haya asociado la palabra corporate.
La voluntariedad ha sido uno de los grandes totems de la RSE. Algo casi sagrado, que se daba por supuesto y más allá de lo cual no se podía pensar la RSE.
Dame el punto de apoyo de la voluntariedad y levantaré el mundo de la RSE, era el mantra indiscutible. Axiomático… y tabú.
He terminado mis sesiones en el EMBA de ESADE. No sé si para los participantes lo han sido, pero al menos a mí las sesiones me han resultado muy interesantes, en las que habido aportaciones y diálogos que me han ayudado a afinar y ajustar algunos de mis planteamientos, y en las que se ha confirmado que no hay nada más estimulante y divertido que debatir desde la diversidad de razones y enfoques.
La empresa es una institución económica, por supuesto. Pero no produce tan sólo productos y servicios. Al hacerlo también trabaja -en la práctica- con valores: potencia e incentiva a unos, rechaza o diluye a otros; pone a unos en el frontispicio de la vida pública, y envía otros al cuarto trastero.
Frente a la fantasía del año sabático, soy un firme defensor de algo que me parece mucho más real y realista: lo que denomino el minuto sabático. Algo que, en la medida de que depende sólo de cada uno de nosotros cotidianamente, es mucho más difícil y algo de lo que, caso de querer hacerlo, nos escapamos contínuamente. www.josepmlozano.cat
Los departamentos de RSE (y sus responsables) deben manejar simultáneamente el reto de de la asimilación (de puertas a dentro) y el reto de la realización (de puertas a fuera). Dos retos por los que son exigidos al máximo nivel y de manera simultánea (internamente y externamente), pero cuya resolución no está totalmente en sus manos. www.josepmlozano.cat