La transición hacia una economía verde no puede entenderse sin las renovables, que ya están transformando el mundo laboral. En 2008 se invirtieron 120.000 millones de dólares en el sector.
Las cifras invitan al optimismo. A pesar de la diferencia de previsiones entre unas organizaciones u otras –motivadas por el exceso de prudencia y la aplicación de posibles variantes negativas a los cálculos– todas son alentadoras. Y de ellas se extrae una importante conclusión: a pesar de que los empleos verdes abarcan todos los sectores y que todos deben estar implicados en el proceso de transición hacia una economía verde, la carta ganadora de la baraja son las energías renovables. Sin ellas y sin las repercusiones derivadas de su evolución no se entiende ese futuro escenario de economía verde. En la actualidad ellas solitas ya han transformado el panorama laboral. Su revolución acaba de comenzar.
En 2008 se invirtieron en este sector unos 120.000 millones de dólares, cuadriplicándose la cifra de 2004. El 20% de esta cantidad correspondió a EE UU. En total, 82.300 millones fueron invertidos en los países desarrollados mientras que 36.600 fueron a parar a los países en desarrollo. Fue también el primer año en el que la inversión en renovables (incluyendo las grandes hidroeléctricas) superó a la de combustibles fósiles, lográndolo por una diferencia de unos 10.000 millones. Y reemplazando a los hidrocarburos, los biocombustibles serían capaces de generar 11 millones de empleos para 2030, aunque es básico vigilar las condiciones de estos puestos, especialmente en Brasil, Colombia, Malasia e Indonesia, donde las condiciones laborales son, en algunos casos, infrahumanas.
“Es el momento de poner en práctica una transición justa para transformar sosteniblemente los empleos de hoy y desarrollar los empleos decentes y verdes de mañana”, reivindica Guy Ryder, Secretario General de la Confederación Internacional de Sindicatos.
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