Las emocionantes palabras de Mario Vargas Llosa, en su discurso de aceptación del Premio Nobel, dibujaron en el aire de Estocolmo un precioso espacio de libertad, tolerancia, respeto y humanismo. No cabe dudar del enorme poder de la lectura y la cultura para construir ciudadanía. Y aun más cuando, días más tarde, estas palabras sufrieron el duro contraste del atentado suicida realizado en la misma ciudad.
Jaime Mariño Chao
Todo ello me hizo pensar en los valores profundos de Europa, en su esencia y en las personas que pueden encarnarlos. Y vino a mi memoria una gran señora: Rita Levi Montalcini, Premio Nobel de Medicina en 1986 y todavía lúcida y brillante a sus 101 años.
Leer sus ensayos El as en la manga (Ed. Crítica), Tiempo de cambios (Ed. Península) o su precioso Elogio de la imperfección (Ed. De Viva Voz) es asomarse a una vida llena de tesón y perseverancia. Su vida y su trayectoria científica son fácilmente accesibles en la red en multitud de foros, así como las deliciosas entrevistas en diversos programas de televisiones de todo el mundo.
Pero, aparte de sus méritos intelectuales, he querido recordarla porque cuando veo su imagen veo también a Europa y a sus valores. Su porte digno y distinguido, su historia de resistencia a todas las opresiones (las leyes de Mussolini le impidieron ejercer por ser judía y montó un laboratorio artesanal en su casa), su creencia firme en la libertad individual, en la igualdad entre sexos (esquivó la prohibición paterna para dedicarse a la Medicina), en el valor del esfuerzo y del trabajo, y su entrega al conocimiento y a la ciencia la hacen un ejemplo de nuestros valores.
Personas como la Dottoressa son ejemplo patente del “tipo humano” que produce Europa y del que todos debemos estar orgullosos. A sus 101 años continúa en la vanguardia intelectual y al respecto de la relación de internet con el desarrollo ha escrito:
“A los Magallanes de la era digital que son portadores de nuevos principios democráticos queda la tarea de navegar por Internet circunnavegando el globo para poner en práctica metodologías de desarrollo necesarias para la supervivencia de la entera especie humana”.
En cierto modo esas palabras van dedicadas a todos nosotros, modernos exploradores y viajeros a golpe de bit y que tenemos la oportunidad de extender los viejos sueños y quimeras de Europa a todo el globo. Es nuestra responsabilidad.
Gracias a Rita Levi Montalchi, llena de luz a sus 101 años y para mi una de las grandes damas de Europa.