El lamentable caso de la silicosis entre kurdos de talleres turcos es un buen ejemplo para comprender por qué se debe exigir transparencia a lo largo de la cadena de abastecimiento en el marco de la gestión de la Responsabilidad Social.
Leemos que la silicosis hace estragos entre los miles de empleados textiles del Kurdistán que envejecían vaqueros en Turquía: los tejanos, para adquirir este aspecto, son sometidos a un tratamiento de chorro de arena a presión, el sandblasting, pero esta técnica, llevada a cabo en pequeños talleres sin ventilación, provoca que la arena llene los talleres y que el polvo de sílice se instale en los pulmones de los obreros.
En Turquía ya hay unos 3.500 obreros afectados, los cuales no disponían ninguna protección y la mayoría no estaban contratados. Cuando la cifra oficial de muertos llegó a los 40, el Gobierno se decidió a prohibir esta técnica. Y ahora la mayoría de las fábricas se han trasladado a Irak, Siria, Egipto y Bangladesh.
Algunos expertos denuncian que todas las grandes marcas de moda han utilizado este sistema, aunque la responsabilidad se diluye a lo largo de una larga cadena de subcontratación de empresas que subcontratan otros, que a su vez subcontratan otra y ésta lo encarga a pequeños talleres, de manera que es muy difícil seguir la pista.
Este lamentable caso es un buen ejemplo para comprender por qué se debe exigir transparencia a lo largo de la cadena de abastecimiento en el marco de la gestión de la Responsabilidad Social.
Allí donde las leyes no pueden llegar, es necesario que la RSE tenga un papel alternativo efectivo, que cumpla con la misma función: garantizar la vigencia de los derechos humanos y de las convenciones laborales en aquellos países donde el poco desarrollo normativo no lo facilita.
Ahora bien, podríamos caer en la creencia de que el planteamiento 'alternativo a la ley' sólo tiene sentido mientras ésta no sea eficaz, y por tanto orientar nuestros esfuerzos a la existencia de leyes internacionales del comercio o ayudar a fomentar el desarrollo normativo de los países en desarrollo.
Y ciertamente debemos hacerlo. Pero igualmente sería necesario el desarrollo de la RSE. Es decir que la RSE no haría un papel alternativo sino complementario. Al menos por dos motivos:
• En primer lugar porque la mera existencia de unos estárdares normativos más exigentes tampoco son garantía de eficacia, como se puede constatar dentro mismo de la Unión Europea, donde incluso se descubren casos de trabajo infantil.
• Y en segundo lugar, porque por medio de la RSE la conversión de la economía hacia un modelo más ético se produce de manera más orgánica, desde dentro por medio de las relaciones entre empresas a lo largo de una cadena de abastecimiento, lo que puede suceder con mayor rapidez, de manera más sostenible, y de forma más eficiente.
Por su parte, las leyes y las convenciones de Naciones Unidas o los organismos de su entorno como la OIT son un marco necesario para fijar los mínimos de la exigencia empresarial en la cadena de abastecimiento.
De alguna manera, lo que estamos poniendo sobre la mesa es que las leyes no tienen un carácter mágico o demiúrgico. Y que su mera promulgación no garantiza que la realidad cambie. En el escenario global y las cadenas de valor internacionales, la combinación de leyes y RSE pueden tener una capacidad de cambio mucho más aguda.
Ahora bien, no nos podemos dejar un detalle. Incluso por más buena voluntad que tuviera una empresa, es necesario que existan grupos de interés o stakeholders que actúen en defensa de intereses éticos y que puedan suponer un riesgo reputacional para la empresa y para el sector. De lo contrario la empresa puede valorar que no puede permitirse tener un comportamiento ético o socialmente responsable cuando las malas prácticas forman parte de manera generalizada del sector.
Las ONGD pueden hacer una acción importante cerca de las empresas y de toma de conciencia entre la ciudadanía. Y entre estos grupos de interés hay uno singular: la clientela. Cada uno de nosotros deberíamos transformar nuestra conciencia y sensibilidad en acciones concretas que se pongan en valor mediante la compra.
Desgraciadamente, el acto de la compra difícilmente toma este carácter. Pruebe sino a pedir a un dependiente/a de un establecimiento de moda que, entre las marcas de tejanos envejecidos que le muestre, excluya aquellas carentes de compromisos de RSE ...
Por ello, la presión de los grupos de interés, la sensibilidad de la gente, y los mismos compromisos empresariales, deben abrir paso a una información accesible, disponible en los puntos de distribución (establecimientos, dependientes ...). Para las empresas que gestionen adecuadamente esta RSE, debe suponer poner en valor su compromiso y facilitar que el público los pueda reconocer.
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